PANCREAS Una Lucha por la Vida
vista en casa en la montaña el Arrayan 2015
\\\" Desde la Oscuridad a la Luz
Renaciendo con Determinación \\\"
Mi historia comienza en, Santiago de Chile en mayo de 2016. Vivía en lo alto de una montaña, donde podía disfrutar de la majestuosidad de los cóndores volando en lo mas alto de la cima. Sin embargo, lo que me sucedió esa noche cambiaría mi vida por completo.
Eran alrededor de las 20 horas cuando, comencé, a sentir un dolor preocupante en mi cuerpo. Los recuerdos empezaron a inundar mi mente mientras experimentaba una sensación amarga en la boca y un dolor punzante en el costado derecho de la cadera. No había duda, era mi vesícula la que me causaba tal malestar. Mi corazón se aceleraba en cada momento, y el dolor aumentaba con intensidad y repugnancia.
Los recuerdos de comidas abundantes, sin restricciones durante años, inundaron mi mente, como una fotonovela, en cámara rápida.
Recordaba los sabrosos de, tutos de pollo, perniles de cerdo, chuletas de cordero y filetes de excelencia, que solía disfrutar con mi hermano mayor. Pero el dolor, se volvía insoportable, comparable al sufrimiento que experimentan las mujeres durante un parto natural.
En medio de mi angustia, mi esposa, comenzó a ponerse nerviosa sin saber cómo ayudarme. Desesperada, tomó el teléfono y llamó a mi hija mayor, quien por suerte vivía en el mismo lugar, en una cabaña un poco más abajo. A pesar de ser pasadas las 22:00 horas, ella llegó rápidamente, preocupada por la situación; decidieron llevarme de urgencia a un hospital.
Con la ayuda de ellas logré levantarme de la cama y bajar más de 50 escalones de piedra, para llegar al automóvil.
10:35 horas del día 1
Finalmente se dirigieron hacia un centro de atención médica, sin tener claro a qué lugar exactamente.
Me quejaba amargamente del dolor, esperando que desapareciera con una o dos pastillas.
Maite, al volante, consultó a su madre sobre el destino al...
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vista en casa en la montaña el Arrayan 2015
\\\" Desde la Oscuridad a la Luz
Renaciendo con Determinación \\\"
Mi historia comienza en, Santiago de Chile en mayo de 2016. Vivía en lo alto de una montaña, donde podía disfrutar de la majestuosidad de los cóndores volando en lo mas alto de la cima. Sin embargo, lo que me sucedió esa noche cambiaría mi vida por completo.
Eran alrededor de las 20 horas cuando, comencé, a sentir un dolor preocupante en mi cuerpo. Los recuerdos empezaron a inundar mi mente mientras experimentaba una sensación amarga en la boca y un dolor punzante en el costado derecho de la cadera. No había duda, era mi vesícula la que me causaba tal malestar. Mi corazón se aceleraba en cada momento, y el dolor aumentaba con intensidad y repugnancia.
Los recuerdos de comidas abundantes, sin restricciones durante años, inundaron mi mente, como una fotonovela, en cámara rápida.
Recordaba los sabrosos de, tutos de pollo, perniles de cerdo, chuletas de cordero y filetes de excelencia, que solía disfrutar con mi hermano mayor. Pero el dolor, se volvía insoportable, comparable al sufrimiento que experimentan las mujeres durante un parto natural.
En medio de mi angustia, mi esposa, comenzó a ponerse nerviosa sin saber cómo ayudarme. Desesperada, tomó el teléfono y llamó a mi hija mayor, quien por suerte vivía en el mismo lugar, en una cabaña un poco más abajo. A pesar de ser pasadas las 22:00 horas, ella llegó rápidamente, preocupada por la situación; decidieron llevarme de urgencia a un hospital.
Con la ayuda de ellas logré levantarme de la cama y bajar más de 50 escalones de piedra, para llegar al automóvil.
10:35 horas del día 1
Finalmente se dirigieron hacia un centro de atención médica, sin tener claro a qué lugar exactamente.
Me quejaba amargamente del dolor, esperando que desapareciera con una o dos pastillas.
Maite, al volante, consultó a su madre sobre el destino al que debían dirigirse, pero Belén no tenía una respuesta clara.
Intervengo, diciendo, que debían ir a Independencia, recordando que había llevado a mi madre a un hospital allí años atrás, aunque desafortunadamente no había salido con vida.
La discusión se volvió acalorada, yo, gritando y negándome a ir a otro lugar más cercano debido a mis limitaciones económicas. Después de una crisis anterior similar, en la que fui hospitalizado en una clínica privada durante un día y gaste más de un millón y medio de pesos en analgésicos y estadía, no podía permitirme otro gasto similar. Debía recurrir a la atención médica pública. Que además me sale gratis, por mi padre tengo una tarjeta de costo cero en hospitales públicos el PRAIS, un beneficio ganado, para los presos políticos de la dictadura militar.
-Mencionó que en Independencia había un hospital público.
En medio de mi mal genio, no pensaba, claramente en ese momento. Pero claramente, todos allí estaban para ayudarme y buscaban lo mejor para mi.
Mi hija sugirió ir a Las Condes, que quedaba mas cerca, pero en ese instante, grite una vez más que quería ir a Independencia.
Maite dudó y preguntó: \\\"¿Estás seguro, papá?\\\" -\\\"Sí, hija, vamos hacia allá.\\\"
En ese momento, todo se calmó un poco. Comencé a respirar más rápido para controlar el dolor mientras mi hija tomaba una carretera a toda velocidad.
-\\\"Hija, despacio, despacio.\\\"
Mi hija me explicó: \\\"El mapa me indica que es el camino más rápido. Saldré hacia Avenida La Paz.
-Y dije: \\\"Sí, es por ahí.\\\"
Las calles estaban vacías. Eran alrededor de las 22:55 cuando llegamos al centro asistencial, Belén salió del auto y se encontró con el portón cerrado. Un guardia se acercó y le indicó que la entrada a urgencias estaba en otro lugar.
Guardia:
-\\\"Tienen que llegar a la esquina y dar la vuelta.\\\" -\\\"No, no por allá.\\\" Le dije a mi hija.
Maite me, señaló: \\\"Es contra el tránsito, papá.\\\"
-No importa, puedes encender las luces de emergencia.\\\"
Finalmente, a las 22:59 horas, llegamos a urgencias.
Afuera había mucha gente, algunas personas en el suelo, y el olor era verdaderamente insoportable. El ambiente era caótico, con personas que no alcanzaban a llegar al baño. Me acerqué a un auxiliar y le menciono por qué estábamos allí. Miré a mi alrededor, había mucha gente desconsolada en el interior, una escena decadente e indigna para todos los presentes. Los auxiliares parecían tomarlo como algo natural. Mi hija y mi esposa se quedaron fuera por instrucción del personal, mientras yo me encontraba solo en un rincón, casi arrodillado por el dolor. Por unos segundos, el olor del lugar lograba hacerme olvidar del dolor, pero luego mi estómago se revolvía y me daban náuseas. De repente, mi hija y mi esposa aparecieron y me sacaron de ese lugar. Fue como si una luz se volviera a encender dentro de mí.
Maite afirmó:
-\\\"No te dejaremos aquí, porque de aquí no sales.\\\"
Me pregunté cuántas de esas personas no saldrían con vida de aquí, ese lugar que parecía un exterminio.
De vuelta en el auto, ya medio inconsciente, el dolor pasaba a un segundo plano. Me había entregado a mi suerte sin decir nada, confiando en las decisiones que ellas tomaran.
Su decisión había sido ingresarme en el Hospital Militar, que paradoja yo ingresando a ese hospital, y si, donde me encontraba, era en una camilla, en una sala de primeros auxilios.
Desde hace un tiempo atrás que atendían a todo publico; luego de haberme inyectado morfina para el dolor, el médico me informó que necesitaba una cirugía urgente para resolver mi problema; mi estado era delicado.
El tiempo pasaba lentamente mientras esperaba la operación al día siguiente. Mi hija y mi esposa se quedaron conmigo en la habitación del hospital, brindándome su apoyo. A pesar de la preocupación en sus rostros, su presencia me reconfortaba.
Durante la noche, los médicos monitoreaban constantemente mis signos vitales y me administraban medicamentos para mantenerme estable. Sentía una extraña mezcla de nerviosismo y esperanza. Sabía que la cirugía era necesaria para resolver mi problema de vesícula, pero también había riesgos asociados.
Los médicos me informaron que antes de la cirugía de la vesícula, era necesario realizar una resonancia para determinar si había expulsado las piedras o no. En caso de que las piedras no se hubieran expulsado, tendrían que realizar una intervención quirúrgica mediante una
endoscopia y luego programar la operación de la vesícula en otro momento.
Acepté someterme a la resonancia y me trasladaron a otro sector del hospital. Durante el examen, me sentí nervioso y ansioso por los resultados. Después de un tiempo, regresé a mi habitación y esperé junto a mi esposa.
Pasaron unas horas antes de que el médico regresara con los resultados de la resonancia. Entró con una expresión seria en su rostro y nos informó que las piedras no se habían expulsado y que necesitaría someterme a la intervención quirúrgica mediante una endoscopia.
La noticia me dejó preocupado y angustiado, pero entendí que era necesario para mi salud. El médico nos explicó el procedimiento y nos tranquilizó al decirnos que era una cirugía relativamente sencilla y que tenia éxito en muchos casos similares.
Al día siguiente, fui preparado para la endoscopia. Me llevaron a una sala de operaciones donde me administraron anestesia general. Perdí la conciencia y cuando desperté, ya había terminado la intervención. Me sentía débil y con algo de dolor, pero sabía que estaba a un paso más cerca de resolver mi problema de vesícula. Después de la endoscopia, me mantuvieron en observación durante algunas horas y luego me trasladaron de vuelta a mi habitación.
Mi preocupación crecía, fuertemente antes de someterte a la cirugía. Y era natural, sentir cierta ansiedad y temor antes de cualquier procedimiento quirúrgico, ya que existe un potencial de riesgo y complicaciones. Sin
embargo, tenia claro que era muy importante la cirugía, para mi estado y condición, de ese momento, ya que puede ser una medida necesaria para tratar mi enfermedad.
En el caso de la vesícula biliar, es un órgano ubicado en el lado derecho del abdomen, debajo del hígado. Su función principal es almacenar la bilis producida por el hígado y liberarla al intestino delgado para ayudar en la digestión de las grasas. Cuando la vesícula biliar se encuentra inflamada, infectada o presenta cálculos biliares, puede causar dolor abdominal agudo y otros síntomas incómodos.
El médico me recomienda la cirugía de vesícula, porque ha evaluado que es la mejor opción para tratar mi condición; aunque toda cirugía conlleva ciertos riesgos, es importante que tenga en cuenta que los avances médicos y la experiencia de los profesionales han reducido considerablemente las complicaciones asociadas con estos procedimientos. Y me hacen firmar un papel que no se responsabilizan si algo sale mal.
Me recuerda que los médicos están capacitados para realizar estas intervenciones de manera segura y efectiva. Y que confíe en todo el equipo médico, y siga todas las instrucciones de pre y posoperatorias para asegurar una recuperación exitosa.
Además, siempre es recomendable tener un apoyo emocional durante este proceso, así que no dudes en buscar el apoyo de tus seres queridos.
Tenga presente que tomar la decisión de someterte a una cirugía no es fácil, pero es un paso importante para
mejorar su salud y calidad de vida a largo plazo. Y que confía en mi mismo y en el cuidado que recibiré, y que recuerde que estaremos aquí para brindarte apoyo en cada etapa de mi proceso.
Día 4 - 22:30 horas – Habitación
Me encuentro en la habitación, luego de la endoscopia y la cirugía. Aunque me siento un poco adormecido, puedo ver a mi esposa, Belén, acercándose rápidamente hacia mí con una sonrisa en su rostro.
Belén:
-Amor, ¿cómo estás?
- Al verla, le respondo que me siento bien, un poco dormido. He vuelto a ver la luz.
Belén:
- ¿Cómo salió todo doctor?
Doctor:
-Todo salió muy bien. La operación fue un éxito y ahora tu esposo necesita descansar. Mañana le daremos el alta.
Belén:
- Gracias, doctor.
-Nos vemos mañana amor.
Me dice; veo a Belén sonriendo mientras se aleja por el pasillo.
Ya en mi habitación, después de una media hora me empiezan a dar unos fuertes dolores que no podía soportar no podía creerlo, era como que empezaba todo nuevamente, Pasado unos minutos entran enfermeros a controlarme por mis gritos, muchas personas a mi
alrededor, no me calmaba ningún tranquilizante y escucho que el medico pide que llamen al anestesista.
Día 5 - 09:34 horas – UTI
Despierto en una cama mucho más grande, rodeado de numerosos aparatos que me mantienen conectado. Hay oxígeno, un electrocardiograma y bolsas colgando junto a cada uno de mis brazos, además de otros dispositivos con imágenes. Belén llora a mi lado y, en ese momento, la única certeza que tengo es que la luz sigue encendida.
- Amor, ¿qué ha pasado?
Belén:
-Estás en la UTI.
No podía controlar sus lágrimas mientras me lo decía. En ese momento, parecía una historia increíble que estaba viviendo. No podía creerlo y, por momentos, pensé que era un sueño, y una creación de mi imaginación.
Día 6 - Noche – UTI
Constantemente ingresan médicos y enfermeras a revisar los instrumentos y cambiar los medicamentos que se van agotando. Estoy inmóvil y el tiempo parece detenerse. Los minutos se convierten en horas y, nuevamente, la luz se apaga.
Día 7 - 09:00 horas – UTI
Despierto sin dolor aparente y me siento bastante bien, aunque sigo conectado a los mismos aparatos que el día anterior.
Empiezan a llegar las visitas a los pacientes, de otras habitaciones de esta misma unidad. El personal médico se mueve constantemente, y se escuchan los gritos de algunos pacientes que desean irse, así como a otros que son trasladados cubiertos por completo. Algo en mí se llena de temor, deseando que la luz no se apague para mí también.
Mi amada esposa llega, quien me ha acompañado todos los días. También me visitan algunos hermanos , Belén, con mi hija Páscale que no puede entrar a verme. Algo muy fuerte parea ella; de repente, aparecen visitas que no había visto en años, como si se estuvieran despidiendo de mi. El miedo me invade, sin saber cuál es mi condición actual.
Mi hija mayor ya no estaba , había viajado fuera del país, mi esposa , en todo momento que podía estaba a mi lado, dejo de ir al trabajo, para estar con migo.
Día 8 - 07:00 horas – UTI
Se me acerca una doctora y me mira seriamente antes de responder a mi pregunta.
Doctora:
- Estás en una situación grave. Durante la endoscopia, se produjo un daño en tu páncreas y ahora tienes un cuadro de pancreatitis aguda. Es una complicación muy complicada.
Me entero en ese momento de la gravedad de mi situación. La doctora me advierte que debo poner todas mis fuerzas en recuperarme.
Doctora:
-Necesitamos que te concentres en recuperarte por completo.
Se ha observado que, en casos de pancreatitis aguda de origen biliar, entre un cuarto y un tercio de los pacientes presentan recurrencias o complicaciones asociadas a cálculos biliares antes de la colecistectomía. Por lo tanto, en casos de pancreatitis leve, la cirugía debe realizarse sin demora. En casos de presencia de colecciones abdominales secundarias a la pancreatitis, puede surgir la pregunta de si una colecistectomía temprana puede aumentar el riesgo de infección o requerir una segunda cirugía en caso de que las colecciones se vuelvan sintomáticas o complicadas. Por otro lado, un retraso en la colecistectomía podría desencadenar una recurrencia de la pancreatitis.
La mayoría de las complicaciones ocurren durante el tratamiento quirúrgico de las enfermedades hepatobiliares. Sin embargo, debido a la ubicación anatómica cercana a otros órganos abdominales, como el estómago, el duodeno, el hígado, el ángulo hepático del colon, el riñón y la glándula suprarrenal derecha, existe la posibilidad de que se produzcan lesiones en estos órganos durante la realización de procedimientos quirúrgicos en ellos.
Existen varios factores predictivos relacionados con la aparición de complicaciones biliares, y uno de los más destacados es la experiencia y habilidad del cirujano, así como su sentido común para lograr los mejores resultados.
Día 9 - 07:00 horas – UTI
La auxiliar Amalia, que ha estado en todo momento a cargo de mi, entra a la habitación, con pudor y un poco de vergüenza, me hace limpieza en todo mi cuerpo. Aunque me siento incómodo con esta situación, no tengo más opción, ya que estoy totalmente inmóvil.
El día transcurre como el anterior, sin mayores indicaciones. Le comento a un doctor que no puedo dormir y que necesito algo para conciliar el sueño.
Doctor:
- Claro, no hay problema. Le indicaré a la enfermera que le administre algo.
Esa noche fue un infierno. Parecía que estaba pagando todos mis karmas; Según varias religiones dhármicas, el karma es una energía trascendente que se genera a partir de los actos de las personas y que actúa como un espíritu de justicia o equilibrio. En ese momento, parecía que estaba experimentando las consecuencias de mis acciones pasadas.
Desperté a media noche con enfermeras a mi lado y todos los instrumentos sonando. Inconscientemente, había retirado la sonda y varios de los dispositivos. Ahora me preparaban para volver a colocarme la sonda, una experiencia que ya había vivido antes, pero me la habían puesto inconsciente ; y no sabia de que se trataba.
Es en ese momento es que decido, escribir esta historia .y escribirle una carta a mi esposa.
Querida Belén.
Si me voy es porque no pude más, si me quedo es porque tengo una nueva oportunidad de decirte que eres lo más bello y transparente de esta vida que he conocido. Recuerdo esa ventana, la que nos unió y que nos encontró en nuestro camino. Hablo de tu pelo largo, de tus ojos que brillan, con ese amor tuyo, que me eligió. Quiero agradecerte por toda esta vida juntos, por nuestras dos bellas y especiales hijas. Mi Maite, mi hija mayor que siempre ha llenado mi alma y me honro al hacerme padre. A mi Páscale, mi pequeña con sus manitas cálidas y dulces. Son mis dos bellas hijas.
Llegaste con una energía a mi vida que solo podía aceptar. A veces tuvimos enfrentamientos y diferencias. Pero siempre conciliando y expresándonos todos nuestros sentimientos, para forjar una vida juntos, te agradezco por ser como eres.
Hoy, me encuentro en un momento difícil, en una lucha contra la enfermedad que parece interminable. Quiero que sepas que cada pensamiento y cada palabra que escribo es un reflejo de mi amor por ti y por nuestras hijas. Mi deseo es que encuentres consuelo en estas líneas y que siempre recuerdes cuánto te amo. Agradezco tu apoyo incondicional, compañera de vida. Has estado a mi lado en momento, difíciles. No puedo expresar con palabras lo agradecido que estoy por tenerte a mi lado.
Eres mi fuerza, mi motivación y mi razón para seguir luchando.
A nuestras hijas, Maite y Páscale, quiero que sepan que son el mayor regalo que la vida me ha dado. Han sido testigos de nuestras alegrías, nuestros retos y nuestras risas. Siempre han sido mi razón para ser mejor cada día. Cuiden y apóyense mutuamente, ya que su amor y conexión son lo más preciado que tienen.
Mi querida familia, quiero pedirles perdón por los momentos en que no estuve a la altura, por mis errores y por las veces que los lastimé. Nunca fue mi intención causarles dolor. Siempre he intentado ser el mejor padre. En este momento, enfrento una prueba difícil y desconozco el resultado final. Pero quiero que sepan que mi amor por ustedes trascenderá más allá de cualquier
circunstancia. Siempre estaré presente en sus vidas, en cada recuerdo, en cada suspiro de alegría y en cada lágrima de tristeza.
Recuerden que la vida está llena de desafíos, pero también de momentos hermosos. Les pido que sigan adelante con valentía, que se amen y apoyen, y que encuentren la felicidad en cada pequeño detalle. Ustedes son mi legado, mi orgullo y mi mayor alegría. Agradecido por tener una familia, por el amor y por los recuerdos compartidos. Los llevo en lo más profundo de mi corazón.
Belén gracias por enseñarme a quitarme mis prejuicios. mi querida amiga y compañera del alma.. La sorpresa es más grande cuando uno aprende de ellos.
Hijas amadas, recuerden que los malos hábitos afectan su salud. En este momento siento rabia por no haber llevado una vida más sana, tantos excesos que me llevaron a esto. Pero esa rabia se va, se disipa, se esfuma, esperando y deseando una nueva oportunidad de estar juntos otra ves.
Te amo, Gastón.
Día 10 UTI 12:34 horas
EL ALTA
Siento que mi dolor fue una señal, que no debo dejar pasar, la luz que me vuelve a iluminar, está en armonía con mi felicidad. Es una indicación para recuperarme y sacar en conclusión, de aquí en adelante. Me voy de alta y pasaremos momentos juntos para reflexionar sobre lo sucedido. Aún me quedan controles para la intervención que será en un mes más, y en la que confío saldrá bien, poniendo fin a esta pesadilla.
Hoy acepto toda la felicidad que me rodea y es lo que deseo atraer a mi. El amor combatirá mis temores diarios y profundizaré en lo que me gusta. La conciencia, no sé si la encontré con esta experiencia, pero seguro la pondré en práctica en el camino que me queda por recorrer.
La fuerza vino desde adentro, como si me impulsaran muchas manos hacia arriba, en un momento de mucha adrenalina que me levantó y me hizo mirarme desde afuera. Una fuerza de muchas personas que no me dejaron ir.
Hoy comienza nuevamente la vida, las oportunidad, y la esperanza de estar nuevamente aquí.
Quiero agradecer el tiempo y la dedicación de todos los que me ayudaron, en especial a los auxiliares, enfermeras y doctores, y a mi kinesióloga, que pudo ponerme de pie nuevamente y hacerme creer en que todavía hay algo que puede suceder en mi vida.
CIRUGIA A LA VESICULA
Pasaron algunos días de recuperación antes de que el médico considerara que estaba lo suficientemente estable para someterme a la cirugía de la vesícula.
Durante ese tiempo, recibí cuidados médicos, me administraron medicamentos para el dolor y me animaron a moverme y caminar para acelerar mi recuperación.
La mañana siguiente llegó. Me prepararon para la operación y me trasladaron al quirófano. Sentía la ansiedad crecer en mi interior mientras los médicos y enfermeras se preparaban para el procedimiento. Pero confiaba en que todo saldría bien.
La anestesia hizo efecto y poco a poco me fui sumiendo en un sueño profundo. No tenía conciencia de lo que estaba sucediendo a mi alrededor, solo confiaba en que los cirujanos estaban haciendo su trabajo para eliminar mi vesícula enferma y aliviar mi dolor.
La cirugía fue un éxito y desperté en la sala de recuperación. Sentía un alivio inmenso al saber que la vesícula problemática había sido removida y que estaba en el camino hacia la recuperación total. Aunque todavía tenía algunas molestias y dolores postoperatorios, sabía que era parte del proceso de sanación.
Llegó el día de mi alta. Me despedí del personal médico y agradecí a todos por su atención y cuidado durante mi estancia en el hospital. Y regresé a casa.
Durante los días siguientes, me recuperé lentamente en casa. Los médicos y enfermeras se aseguraron de que recibiera la información necesaria para mi cuidado, me suministraron medicamentos para controlar el dolor. Mi esposa estuvo a mi lado durante todo el proceso, brindándome su amor y apoyo incondicional.
Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses. Poco a poco, fui recuperando mi energía y volviendo a mis actividades diarias. Agradecía cada día por la oportunidad de haber superado esa crisis de salud y valoraba aún más el amor y el apoyo de todos.
Con el tiempo, esa experiencia se convirtió en una parte de mi historia, en un capítulo que me recordaba la importancia de cuidar mi salud
Desde aquel momento, continuó mi vida, con importancia de valorar cada día, cuidar de mi salud y encontrar la luz en los momentos más oscuros.
Y así, siguió mi camino, en un recordatorio constante de que siempre hay esperanza, incluso en los momentos más difíciles.
fin
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LA HISTORIA QUE PUDO PONER FIN
A MI COMPAÑERA DEL ALMA BELEN.
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